Musika-Música 2007

Termina un fin de semana muy musical y muy bilbaino. Lo de musical porque hemos tenido conciertos, y lo de bilbaino porque hemos tenido 55 conciertos en tres días. Es una suerte que a tu alcalde le guste la misma música que a tí, y como el nuestro es todo un fan de lo clásico, yo me alegro y aprovecho el apoyo institucional para tentar con precios muy reducidos a los amigos del tipo c) que veo con posibilidades de pasar al tipo b).

Este año las jornadas de Musika-Música se han centrado en los nacionalistas, y muy especialmente en los nacionalistas rusos. Semanas antes del evento, los tres subesféricos diseñábamos el programa al que asistiríamos, porque además de que es imposible estar en varias salas a la vez, los precios reducidos dejan de serlo tanto cuando uno empieza a sumar. En total quedaron siete intensos conciertos en tres días de pequeña sobredosis.

El viernes comenzaba con un empeño de lyra del que no me arrepiento: Coro del Patriarcado ruso de Moscú bajo la dirección de Anatoly Grindenko. Interpretaron obras litúrgicas de Tchaikovsky y Rachmaninov, y a pesar del impacto inicial de encontrarnos con doce curas cantando a capela, la experiencia fue muy interesante. Gran coro de pequeñas pero grandes voces y magníficos bajos.

Uno de los platos fuertes sobre el papel tocaba esa misma noche: Concierto para Piano y Orquesta nº 1 de Tchaikovsky y Concierto para Violín y Orquesta del mismo autor. El primero a manos del afamado Boris Berezovsky, todo un prodigio de técnica y habilidad, pero en mi opinión también un prodigio de frialdad. Reconozco que en mi cabeza está muy marcada la grabación de Emil Gilels con Zubin Mehta, y eso no es algo fácil de superar. Otra cosa fue el concierto de violín, con un Dmitri Makhtin mucho más equilibrado en facultades y transmisión. Aquí sí hubo disfrute pleno.

El sábado seguía con mucho piano y alguna que otra sorpresa. De nuevo Boris Berezovsky, esta vez en el Concierto para Piano y Orquesta nº 2 de Rachmaninov, una gran obra que me volvió a decepcionar a las manos de este virtuoso de los dedos, que, dicho sea de paso, salió al escenario partiéndose de risa y enfundado en un par de deportivas blancas al más puro estilo Steve Jobs. El resto del concierto quedó en manos de la Orquesta Filarmónica del Ural, con Dmitri Liss en la batuta interpretando dos piezas agradables pero no entusiasmantes: Una noche en el monte Pelado de Mussorgsky y Finlandia de Sibelius.

Sorpresa y primer concierto sobresaliente en la noche del sábado. Por orquesta, por director y por pianista. Fantástico Javier Perianes en el emotivo Concierto para Piano y Orquesta de Grieg, demostrando que la habilidad no está reñida con la sensibilidad, y que algún que otro pianissimo a tiempo nunca está de más para emocionar al público. Completaba el concierto una selección de las mejores piezas de Peer Gynt, con una brillante Orquesta Filarmónica de Varsovia bajo las órdenes de un enérgico y entregado Antoni Wit. Éxito de público y emocionante bis tras los aplausos.

Teniendo en cuenta lo que significa un domingo en nuestras vidas, fue duro estar a las once y media de la mañana siguiente en el teatro, pero mereció la pena con creces porque asistimos a otro de los grandes conciertos. Repetía la Orquesta Filarmónica de Varsovia tras el éxito de la noche anterior, y tanto el conjunto como la dirección de Antoni Wit volvieron a entusiasmar, esta vez con la extraordinaria Sinfonía nº 9 de Dvořák.

Absoluta decepción al mediodía en el concierto de la pianista Claire Désert. Convirtió los Preludios 5 y 10 de Rachmaninov en obras soporíferas de interés nulo, y coronó su actuación con un Mussorgsky violento y brusco como pocos. Temí por el estado de su piano cuando terminó unos inaguantables Cuadros de una Exposición. Para olvidar.

Y finalmente, la maratón llegó a su fín cuando nunca debió hacerlo, es decir, a las cuatro y media de la tarde del domingo y con el estómago hasta arriba. Buffet libre, butaca de piel y buena música nunca fueron una gran combinación para mantenerse despierto. Unos cayeron de inmediato, alguno se mantuvo firme ante las dificultades, y yo, entre ellos, mantuve una dura lucha con Morfeo que al menos me permitió disfrutar a ratos de la formidable Sinfonía Patética de Tchaikovsky. Dmitri Liss dirigía de nuevo a la Orquesta Filarmónica del Ural, esta vez con más brillo que en sus anteriores acompañamientos a mi amigo Berezovsky.

En resumen: balance notable y satisfacción generalizada después de un intenso fin de semana que tardaremos en olvidar. Ocasiones como esta no se repiten a menudo y conviene aprovecharlas. Volveremos.

por etox | 05.03.2007


Comentarios (4)
alatar

El Musika-Música es sin duda una excelente forma de introducirse en el mundo de la música clásica para gente sin muchas nociones del tema . De los que escuché me quedo con la 9ª sinfonía de Dvořák.

05.03.2007 | #
Arod

Saludos a mi hermano musical de tipo b)(y también carnal, aunque esto carezca de importancia en lo que al post se refiere):

Tras este fin de semana maratoniano donde los haya, puedo extraer varias conclusiones útiles para los lectores de tipo c) (incluso para algunos asporantes al b)):

-La música rusa está muy bien, llega al corazón y expresa fenomenalmente el alma rusa…cuando vives a -20ºC y bebes vozka porque es lo único que no se congela en tu garganta. Si no, por lo general, no entendrás nada de lo que dicha musica quiera transmitirte: parece más bien sacada de debajo de un glaciar, con poca luz y mucha claustrofobia. Aunque como no hay mal que por bien no venga, bién sirvió como contraste frente al caluroso día que se vivió en la gran urbe, propio de el mejor de los veranos, pero sin sequía asociada.

-Los conciertos hay que prepararselos, nada de ir a alguno sin haberlo oido previamente, y más aun: nada de fierte de alguien para seleccionar 6 de ellos en 3 días, poruqe al final usas el euskalduna como dormitorio, muy cómodo, dicho sea de paso:butacas reclinables, luz indirecta, música de lujo, la tripa llena… pero estoy repitiendo lo mismo que mi hermanito de tipo B).

-La sinfonía del nuevo mundo es una excepción, a esa hay que ir siempre, altamente recomendable !!!

Estupenda cítica, seguir así triunvirato!!!!

05.03.2007 | #
lyra

Una filarmónica de Varsovia increíble siguiendo a las manos (sin batuta ni partitura) del maestro Antoni Wit. Su entusiasmo y la fluidez de los músicos hicieron que las obras de Grieg y Dvorak sonaran mejor que nunca. Piel de gallina a tutiplén.

Las zapatillas y la actitud de Berezovsky pierden toda importancia en cuanto se pone a tocar. Y es que, por mucho que etox diga lo contrario, a mí este señor me transmite todo lo transmitible. Concierto de Tchaikovsky impecable y el nº 2 de Rachmaninov, lo mismo, seguido además por una Noche en el Monte Pelado -que a mí, sinceramente, me encantó-, y una Finlandia que pasé de considerarla bonus track a aplaudirla con todas mis ganas. Satisfacción de un 99% (esa cagada inicial de las trompas en Tchaikovsky me dolió).

No hay mucho más que decir, tal vez repetir que el coro del Patriarcado fue una auténtica bestialidad vocal, con unos solos de tenor que en ningún momento fueron estridentes ni forzados y unos bajos que mantenían tonos subterráneos sin aparente esfuerzo y con una precisión terrorífica.

Y eso es todo.

05.03.2007 | #
Leporello

Gracias por la crónica, etox.

El bis del último concierto del sábado fue una danza eslava, creo que la primera, de Antonin Dvorák.

Las zapatillas, una metáfora del ambiente que se vive en esto del Musika-Música. Todos, incluso Boris, nos sentíamos como en casa.

Abrazos y hasta otra.

05.03.2007 | #
Publica un comentario























Contenidos licenciados bajo Creative Commons by-nc-nd 2.5